Kevin Carter: la tragedia de una fotografía

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Kevin Carter es el ejemplo de cómo una fotografía puede condicionarte la vida. Nacido en Suráfrica el 1960, empezó su carrera fotoperiodística el año 1984, cubriendo los conflictos de las ciudades periféricas de Johannesburgo, como Soweto, donde cada día se producían enfrentamientos violentos entre jóvenes negros con la única ventaja de su gran número contra la policía en pleno apartheid, con el resultado de centenares de muertos y miles de encarcelados. Kevin estaba allí, enmedio de la acción, jugándose la piel para conseguir las fotografías que mostrasen la realidad más cruda, para intentar sensibilizar el mundo. Irónicamente, fue con la llegada de la democracia en el 1990 cuando los conflictos se agravaron, y enclaves como Soweto o Tokoza ardían en una espiral de violencia entre comunidades negras, animadas por los blancos. Kevin iba cada día a esos enclaves, junto con sus amigos Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva, con quienes fundó el llamado Bang-bang Club, haciendo fotos espeluznantes y exponiéndose a peligros extraordinarios.

El año 1993 se tomó unas vacaciones i viajó a Sudan, donde cubrió la crisis de hambruna en el país. Allí realizó la fotografía más importante de su vida, y una de las más famosas de los últimos años.

(c) The New York Times - Kevin Carter

(c) The New York Times - Kevin Carter

En ella se puede ver como una niña sudanesa, de camino a un campo de alimentación, cae desfallecida y se apoya en el suelo, mientras un buitre la observa desde cierta distancia, como esperando su destino. El periódico The New York Times publicó la foto el 26 de marzo de 1993, y enseguida recorrió el mundo.

“Ayudaste a la niña?” Ésta pregunta fue formulada mil y una veces a Kevin Carter. De hecho, él mismo reconoció que esperó hasta veinte minutos que el buitre se acercara más a la niña o abriera las alas. Más tarde, según relata, la niña se pudo levantar y continuar su camino. Ésta pregunta motivó su vida desde entonces. Los únicos que no se la hicieron fueron sus amigos del Bang-Bang Club. Y es que conseguir la foto más impactante posible, la que removiera más almas en todo el mundo, era su objetivo, el objetivo de un fotoperiodista que quiere cambiar el mundo.

En abril de 1994, Kevin Carter recibe una llamada desde Nueva York, le acaban de otorgar el Premio Pulitzer, el más importante del periodismo mundial. Seis días más tarde, Ken Oosterbroek muere tiroteado en Tokoza, cerca de Johannesburgo. La vida de Kevin se hunde, su coraza moral que le había aislado de todos los conflictos donde había participado se agrieta por todos lados, y Kevin cae en una profunda depresión. Sus palabras al recibir el premio Pulitzer son demoledoras:

“Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Aún estoy arrepentido por no haber ayudado a la niña”

El 27 de Julio de 1994, Kevin Carter aparca su coche cerca de su pueblo, conecta el tubo de escape al interior del habitáculo y muere intoxicado por monóxido de carbono, atormentado por sus dudas y pesadillas.

Fuente: artículo en elpais.com , wikipedia

One Response to “Kevin Carter: la tragedia de una fotografía”

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